El estilo tapicero y el polisón (1868 – 1890).

0_1ec461_3e694666_XXXLLa denominación estilo tapicero debe su origen al historiador François Boucher, quién la apostilló en su Historia del traje en Occidente (1965) al referirse al traje que se vestía en Europa entre 1868 y 1890, extendiéndose a Estados Unidos y las colonias. En este periodo, el maridaje entre la estética de los interiores habitados y el vestuario femenino alcanza una fusión formal a través del uso de materiales comunes, así como del sentido decorativo aplicado en ellos. Según Boucher la decoración de los hogares burgueses influyó formalmente en el traje. Metros de tela adornaban las superficies de las casas y en metros de tela se envolvían las mujeres. Se pasearon en el vestido los tejidos de los cortinajes y el tapizado de los muebles: cretona, chinz, terciopelo, raso, satén, seda. Vistieron homogéneamente cuerpos y muebles luciendo drapeados, fruncidos, acanalados, tableados; compartiendo motivos, estampados, brocados, damascos y la paleta de color. También se cargaron los vestidos con adornos como galones, cintas, lazos, borlas, pasamanerías, flecos, volantes, los mismos que se veían en los interiores.

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1883Estos espacios caseros estaban habitados por mujeres burguesas de talle fino y cabello recogido, que dibujaban su silueta con corsé y abultaban su trasera con el polisón. Se engalanaban con camisas impolutas, cuerpos ceñidos y metros de faldas y sobrefaldas. Escondían sus piernas bajo medias, pololos, enaguas y botines, y se protegían del frío con abrigos, capelinas, mantones, chales, guantes y mitones; o simplemente los lucían, como hacían con los pequeños sombreros, la sombrilla y el abanico.

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El estilo tapicero se reconoce en esta estructura de la falda: el polisón. La silueta femenina viene de lucir grandes faldas semiesféricas sobre el armazón de la crinolina, que caracterizó el mediodía del siglo XIX, convirtiéndose en la imagen de la Europa de los imperios (coincidiendo, entre otros, con el Segundo Imperio francés). Pero la crinolina quedó desterrada por el polisón, más acorde con los nuevos tiempos marcados por la Revolución Industrial. Su creador fue Charles Frederick Worth (1826-1895), padre también de la crinolina. Con el polisón, Worth desplazó el centro de atención a la parte trasera del cuerpo femenino, que a modo de centaura lucía una prominente grupa, cuyo volumen se acentuaba al aplanarse la parte delantera del traje. La grupa trasera tomaba forma gracias a esta estructura ahuecadora, cosida a una enagua interior y sujeta a la cintura, sobre la que se recogía y se amontonaba voluminosamente la tela de la falda exterior.

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Silueta generada con el polisón y distintos modelos de polisón.
Genralmente se usaba el armazón con una enagua que en ocasiones 
llevaba volantes en la parte trasera o cola, acompañando la falda 
barrendera.Varía su forma y dimensión con el paso de los años.

El uso del polisón se prolongó durante aproximadamente 20 años. Según historiadores como Boehn o Boucher, su evolución fue la siguiente: entre 1868 y 1876 predominó el uso del polisón, cada vez más abultado en la espalda y con un contorno de falda levemente amplio, herencia de las últimas crinolinas. Entre 1877 y 1883 se dio mayor esbeltez a la silueta estrechando el cuerpo con corsés y faldas angostas, y aplastando e incluso eliminando la grupa apenas simulada por alguna cascada textil. Este interludio propuso una relectura de la silueta del polisón entre 1884 y 1888-90, cuando de nuevo se cargó la grupa, pero ahora de manera más limpia, más estilizada y angulosa, en la que se había borrado cualquier eco de la crinolina y la espalda era, definitivamente, el reto. El traje del estilo tapicero es, como escribe el historiador Pablo Pena, “el único traje de la historia siempre inmortalizado de perfil o de espaldas”[1]. El polisón, junto al uso abundante de adornos textiles, fueron los atractivos del nuevo diseño. En los vestidos se desborda la rocalla de tejidos y la acumulación de guarniciones, especialmente en la distinguida grupa.

Sin título-1Pero el fenómeno del estilo tapicero, el hecho de que tapices y cortinas salten del interior burgués al traje femenino y adquiera tanta importancia el tejido, no es circunstancial, es consecuencia de los hechos históricos: la Revolución Industrial.

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[1] Pena, P., “La moda en la restauración, 1868-1890”,  INDUMENTA, nº. 2, Museo del Traje, Madrid, Ministerio de Cultura de España, 2011, p. 8.


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