Los Gitanos, vestimenta según Richard Francis Burton

Familia romaní española, por Yevgraf Sorokin, 1853.

Richard Francis Burton (1821-1890) fue antropólogo de corazón, explorador de corazón y profesión y diplomático de profesión, por abreviar pobremente lo que una personalidad como la suya significó para el conocimiento del mundo durante la segunda mitad del siglo XIX. Su capacidad para comprender la humanidad y todas sus manifestaciones es admirable, su afán por investigar y dar a conocer culturas, costumbres, razas, religiones al resto del mundo pretendía el entendimiento, respeto y acercamiento a través del conocimiento. Su estudio es empírico tanto como intelectual. Viajero devorador de geografías, lector devorador de libros. Su legado es de valor incalculable. En la red se pueden encontrar abundantes referencias sobre él y en www.burtoniana.org muchas de sus publicaciones. Una de ellas es la que traigo aquí, dedicada a los Gitanos. De ella extraigo lo concerniente a la vestimenta de la etnia gitana en España.

El libro: The Jew, The Gypsy and El Islam, publicado en 1898, escrito una o dos décadas antes. En este libro aparecen algunas de sus conclusiones y estudios sobre estas tres culturas, desgraciadamente no todo lo que sabía. Este tipo de personas necesita dos vidas, una para vivirla y otra para contarla.

Referente a los gitanos, vuelca sus conclusiones sobre las semejanzas con los hindús (en especial los jats), habla de ellos en los países europeos (con especial atención a Hungría y España), en Asia (Punjabi, Belochistan, Persia, Siria, Oriente Medio), en África (Marruecos, Argelia, África interior) y Brasil, y hace una reseña y exégesis sobre los estudios de Paul Bataillard.

Gitanos españoles, Francis William Topham, c. 1854-1855

En España: Gitanos e indumentaria.

En el capítulo dedicado a España, partiendo de su experiencia personal y de estudios anteriores como el de George Borrow (The Zincali. An Account of the Gypsies of Spain, 1841), recorre históricamente la consideración que se ha tenido de los gitanos y las posibles vías de llegada a la Península. Habla de costumbres, lengua, condición social, religión, etc. y señala la belleza que caracteriza a las gitanas y gitanos españoles. También comenta que durante mucho tiempo en Europa se consideró que los gitanos eran de origen peninsular y habitaron esta tierra antes incluso que celtas o íberos, y que sus coetáneos españoles del norte consideran que los andaluces llevan sangre gitana.

En cuanto a la indumentaria, alude a las pragmáticas reales que en la historia española prohibieron el uso de los “trajes gitanos”, como la de Felipe IV promulgada en 1633. Comenta que respecto a este “traje gitano” antiguo prohibido por ley, no queda constancia de cómo era. “Tengo dudas sobre si los gitanos emigrantes del siglo XV vestían como los hindús: el pagri (head-cloth) y el Dhoti (waist-cloth)”, y refiere escritores que creen que dicho traje viene del ropaje moro (1).

(1) En mi opinión (infundada, sin fundamento ni estudio previo, puro parloteo de sobremesa), la influencia del traje andalusí (si como moro se puede referir a éste por ser peninsular), es poco probable, porque los primeros nómadas romanís que llegan a la península según consta en las fuentes lo hacen en 1425. Es posible que tuviera más que ver con trajes de origen persa y con la vestimenta judía. En cualquier caso, las imágenes históricas de los romanís en Europa desde el siglo XV al XX lo que demuestran es que se adaptan a las modas y siluetas de la época y a la región dónde se asientan, guardando algunos elementos distintivos y gustos peculiares. Por otro lado (de nuevo basándome en las imágenes), a partir del siglo XVII se consolida en Europa la asociación de gitano a pobreza (la quiromancia, el baile y el latrocinio serán modos de subsistencia a ojos de la sociedad no gitana). En los últimos siglos, XIX y XX, la formación de trajes regionales hace que los gitanos, que a menudo viven del espectáculo como artistas, vistan para ello con los trajes típicos de cada región europea. De ahí que se distinga perfectamente a un gitano rumano, de uno austriaco, de uno español, etc. Pero en su día a día, quitando gustos o preferencias que les caracterizan, visten elegantes y a la moda; y el pobre, como cualquier pobre, con lo que puede.

Baile de gitanos jardines del Alcazar. Alfred deHodencq, 1851.

No he encontrado el texto traducido al español y no soy traductora ni filóloga, pero más o menos viene a contar lo siguiente (suponiendo que el presente de Burton alude aproximadamente a 1865-85 y teniendo como referencia cultural sobre todo su origen británico-escocés-irlandés): (al final de la entrada enlazo el texto original en inglés)

“En estos días, el gitano de buen ver y con poder adquisitivo viste con traje andaluz. Les encanta vestir lino blanco, especialmente camisa elegante (biled shirt) (2), a menudo con volantes y bordada. Los materiales son lino, algodón, seda, felpa, terciopelo y paño fino. Los tintes favoritos son azul, rojo y colores fuertes. La chaqueta corta o pelliza (zamarra) está bordada y adornada con alamares o grandes botones plateados; el chaleco suele ser rojo, y una faja de seda carmesí con flecos apoya (finaliza) en la cintura; los zahones (overalls) (3) estrechos en el tobillo, llegan hasta la altura de las botas, borceguíes, zapatillas o alpargatas. Finalmente, los lacios y largos bucles (quizas trenzas/patillas) (4), que caen por las mejillas de alguna manera como las de los judíos polacos, están coronadas por un sombrero gitano o porkpie (5), y algunas veces con el sombrero o bonete rojo catalán (barretina), no muy diferente del glengarry (6). Los gitanos han mantenido la vestimenta usada hasta hace poco en Andalucía, que ahora gradualmente se está volviendo obsoleta. El cabello brillante se recoge con un nudo Diana (7) en el cuello, y se adorna con flores de las más llamativas tonalidades; se coloca en bandas sobre las sienes, y se cubre con un pañuelo bordado. Un manto/capa de mayor o menor longitud colocado sobre los hombros apenas oculta el corpiño y la corta, cortísima saya (actual falda) que está bordada y adornada con manojos de galones (o bien cintas/cenefas), guarniciones y otras fruslerías (bisuterías)».

(2) Biled shirt: viene de boiled shirt. Es una expresión de origen norteamericano que comenzó a utilizarse a mediados del siglo XIX, extendiéndose su uso al mundo anglosajón. Se refiere a la camisa de vestir masculina, la elegante, que se utilizaba para ir a misa, al baile, al matrimonio o eventos especiales, diferenciándose de la camisa de trabajo (las camisas entonces eran largas hasta medio muslo o por encima de la rodilla). Boiled, hervida, porque estas camisas se limpiaban en agua hirviendo para que estuvieran limpias y lo más blancas posibles. Terminaron por ser camisas almidonadas, blanqueadas y de etiqueta (el término se usó bastante en la década de los 30 y 40 del siglo XX). En 1872, en el libro de viajes Roughing it, Mark Twain escribe “biled shirt” en vez de “boiled shirt”. Para esa fecha Burton ya había cruzado Estados Unidos y escrito un libro sobre el viaje donde utiliza la expresión boiled shirt (The City of the Saints, and across the Rocky Mountains to California, 1862), pero no cabe duda que como lector y viajero el libro de Twain había pasado por sus manos y la expresión se la cruzó por el camino en el wild west.

(3) Overalls: actualmente se refiere a mono (peto con perneras de trabajo, vaquero, etc). En Gran Bretaña se llamó overalls durante el periodo Romántico (1815-40) a una especie de zahones de cuero o de pana blanca que se usaba para montar a caballo, y es la que refiere el texto (zahones, chaparreras mexicanas (chaps en inglés)). Son perneras atadas a la cintura que se colocan sobre los pantalones, prenda que se usaba para proteger el pantalón de la suciedad en el trabajo campesino, ganadero, etc., (se ve un modelo al inicio de la entrada en la pintura de Yevgraf Sorokin). En España fue común su uso durante el siglo XIX entre los majos y bandoleros que tanto cautivaron a los viajeros extranjeros.

Viste zahones y polainas.

(4) Long lank locks: la traducción sería bucles lacios largos. Era costumbre entre gitanos como se ve en el cuadro de Francis William Topham llevar el cabello recogido en trenza en los laterales, también había costumbre de grandes patillas, imagen más común al imaginario de la época por las numerosas pinturas del periodo decimonónico romántico que así lo plasman.  De ahí que pueda referir también patillas o trenzas sin ser el término elegido. Burton lo compara con el peinado de los judíos polacos del XIX, habría que investigar por esta línea para concretar a qué se refiere exactamente.

(5) Sombrero Gypsy o porkpie: El pork pie hat era originalmente un tocado para mujeres que se puso de moda acompañando a la crinolina, podemos decir que usado desde la década de los 40 del siglo XIX hasta finales de los 60, década en la que tuvo más éxito. Se clasificaba dentro de los Turban hat, pero imagino que los periodistas o los caricaturistas coetáneos lo acabarían llamando con sorna pork pie por su supuesto parecido con el pastel de cerdo inglés. Este sombrero no tenía ala, era como un bonete rígido circular o ligeramente oblongo cuya característica principal era que el borde sobresalía sobre la copa y esta tomaba forma de casquete. Se convierte en sombrero masculino añadiendo ala, es recto en su altura y puede ser redondo, oblongo o apuntado en el frente. El material, desde fieltro, cuero, trama vegetal, en fin, se ha multiplicado su diseño, pero efectivamente es un sombrero cuyo uso se asocia con los gitanos, supongo que por eso Burton habla de Gypsy sombrero. En España era habitual el uso entre majos (bandoleros y otros) del calañés (de copa baja que se estrecha en la parte superior, de ala muy gruesa como un rodillo) y la variante catite (copa alta y extremo agudo), de los que existían diferentes diseños por regiones, el sombrero de fieltro sin horma, conocido como mascota, la gorra tipo barretina o frigio tipo montera, y muchos otros tipos o simplemente un pañuelo atado en la nuca, colocado en bandas superpuestas,  etc.

Pork Pie actual

(6) Glengarry: Quizás el primer glengarry está asociado a la tradición escocesa, se tiene constancia desde 1794 y se incorporó al traje militar, después se generalizó su uso entre soldados británicos y otros países. Existe también un bonete femenino llamado así en la época del Directorio y el estilo Imperio (más o menos entre 1805-15), que continuó usándose a lo largo del siglo XIX con más o menos frecuencia según las modas y variando en sus diseños. Es un gorro confeccionado principalmente de lana o algodón con pliegues en la parte superior, por el borde pasa una cinta que se ata para ajustarlo y cuyos cabos cuelgan por detrás, se le dota de rigidez en los laterales y se puede decorar. Es muy característico de algunas tribus nativas indias de Norteamérica, que lo bordan con seda de colores y le añaden bisutería o cristales. También se ven variantes en algunos trajes regionales de Europa del Este.

 (7) Diana knot: nudo o atado Diana, no he logrado descifrar a qué se refiere.

Gitanos del Sacromonte y Diezma, Granada. Grabados del libro L´Espagne, 1874, Gustav Dore. Muestra la realidad de la época exenta de tópicos.

Día del pueblo Gitano, miércoles 8 de abril de 2020. A mis comadres y compadres del Alabicín y Sacromonte, vecinos inolvidables con los que he compartido 16 años día a día. Nos volvemos a encontrar en Plaza Larga cuando acabe el confinamiento.

Chorrojumo o Chorrohumo, El Rey de los Gitanos, Mariano Fernández Santiago, Sacromonte, Granada, 1900.

No puedo evitar incluir algunas notas sobre la relación de Burton con la etnia gitana:

Su interés y fascinación desde la infancia por la etnia gitana le lleva a buscar el encuentro y convivencia y un estudio persistente. Desde joven se mezcló con tribus, incluso dicen que tuvo un romance con una romaní de la que aprendió su lengua a la perfección. En la India aprendió sánscrito, hindi y dialectos como el Jataki, Belochi, Mooltanee o Pushtu, sobre los que escribió estudios. Convivió con los Jats, raza que se extiende desde la boca del Indo hasta las llanuras de Tartary, aprendió todo de ellos y muestra en sus escritos el convencimiento de que eran la pista a seguir sobre el origen de los gitanos, así como los Getae y Massagetae. Convivió con los clanes que se fue encontrando (y a los que fue en su busca) por los cuatro continentes conocidos, como los nuwar en Siria, que conservaban su idioma y costumbres ancestrales.

Fotografía de Burton elegida por Isabel para encabezar la biografía, en algún lugar de África, antes de la aventura en busca de las fuentes del Nilo

En la biografía que escribe su esposa Isabel Burton (The Life of Captain Sir Richard F. Burton, 1893) cuenta que había cosas que Richard nunca pudo resistir, como la peregrinación a un santuario sagrado o hablar y disfrutar con los gitanos. Burton siempre sospechó que tenía sangre gitana, algo que nunca pudo comprobar. Su entorno de amistades también lo pensaba, no sólo por la facilidad con la que aprendió y se expresaba en romaní y la familiaridad con la que se integraba entre ellos, también porque compartía con ellos cuestiones esenciales en su forma de ser y en su apariencia. Quizás de esa sangre gitana, comenta Isabel (en parte son palabras del propio Burton), le venía su facilidad para los idiomas, su espíritu salvaje y audaz, su agnosticismo, su melancolía, su misticismo, su superstición, su vagar inquieto, su poesía, su perspicacia, la capacidad para la adivinación y para presentir acontecimientos o para radiografiar a una persona.

Cuenta Isabel que cada vez que llegaban a un campamento gitano, al poco le decían “¿Por qué no te unes a nosotros y eres nuestro Rey?”.

Ahí queda también la historia de la romaní Hagar Burton, amiga de Isabel en su juventud, quien le escribió su suerte y vaticinaba su unión con él cuando aún no existía en su vida. Isabel transcribe el contenido. Creerse o no esta parte del relato depende de cada cual. La biografía que Isabel escribe sobre él ha sido rebatida o puesta en duda por biógrafos posteriores como Edward Rice (El Capitán Richard F. Burton, 1990). Ella ya se hace eco en el prefacio de que así sucedería. Para mí, sin la menor duda, en la vida de Richard F. Burton es creíble lo increíble. Me quedo con la magia de sus historias, que inevitablemente pertenecen a vidas como la de Burton, no tienen cabida en la mente de los escépticos.

Extraído de la biogafía escrita por Isabel Burton, transcripción de una parte de a suerte echada y escrita por la romani Hagar Burton.

Isabel transcribe también el obituario que publicó en enero de 1891 la revista de la Gypsy Lore Society por la muerte de R. F. Burton. En el manifiestan su admiración y respeto por Burton, llegando a afirmar que si no tuvo sangre gitana por ascendencia si la tuvo por devoción y carrera. Algo había, y lo avalan con su pasión e inquietud desde niño por conocer y mezclarse con la etnia gitana, su forma de ser que le había impedido establecerse mucho tiempo en un lugar, que comparte con ellos el horror por la visión de un cadáver y las escenas de lechos de muerte y cementerios, y otros talantes propios de la etnia gitana, además de la peculiaridad de su mirada, capaz de ver a través de ti, y detrás de ti. Burton, además, es uno de los nombres distintivamente romaníes en el mundo anglosajón. Avalan el interés que tuvo en la tradición gitana, enumeran sus estudios publicados y esperan otros por publicar (estudio sobre los gitanos que ya menciona en su biografía de 1887). Fue uno de los primeros miembros de la Gypsy Lore Society.

Fotografía de un retrato de Burton,1879, by Madame Gutmansthal de Benvenuti, Trieste
Extracto del texto del libro The Jew, The Gypsy and El Islam,

 

 

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