Los nibelungos. La épica del diseño

Los nibelungos (Die Nibelungen, dos películas), 1924, Alemania

Los nibelungos: la muerte de Sigfrido (Die Nibelungen: Siegfried)

Los nibelungos: la venganza de Krimilda (Die Nibelungen: Kriemhilds Rache)

Director: Fritz Lang

Guión de Thea von Harbou (esposa de Lang)

Vestuario: Paul Gerd Guderian, Aenne Willkomm

Para los amantes del vestuario, esta obra maestra del cine mudo es un disfrute estético. Como buen conocedor y estudioso de la arquitectura y las Bellas Artes, Fritz Lang concede una importancia protagonista al vestuario y la escenografía.

El vestuario juega un papel narrativo fundamental que, más allá de la inevitable atracción estética, está cargado de simbolismo. Es, además, un muestrario de referencias históricas antiguas y coetáneas al director, un historicismo travestido de modernidad en una simbiosis perfecta. La concepción del vestuario es épica, como la narración de este groβfilme de la UFA; su diseño hipnótico, al generar una poderosa atmósfera narrativa y sensorial y volcar en el espectador la fuerza dramática y psicológica.

Cari Otto Czeschka, ilustraciones de la edición de El Cantar de los Nibelungos (Keim & Czeschka, 1909). Fuente: The Vienna Secession

El anillo del Nibelungo (1869—1876) de Richard Wagner y Los Nibelungos (1861) de Friedrich Hebbel, son el germen del guión de esta saga de dos películas. Las ilustraciones del vienés Cari Otto Czeschka en una edición reducida de El Cantar de los Nibelungos (Keim & Czeschka, 1909) fueron el punto de partida para la concepción de la escenografía y el vestuario. Ocho deliciosas litografías a doble página en negro, azul, rojo y oro, secesionistas en su estilo y de carácter simbolista. En ellas surge un mundo enigmático atemporal, una civilización inquietante que preludia alguna modernidad, algún cambio. De sus dibujos toma Lang, entre otras cosas, los gestos y el sentido estático y mayestático de los movimientos de los personajes de la corte de Burgundia o Borgoña, el estilo de sus trajes y la ornamentación del vestuario.

Cari Otto Czeschka, ilustraciones de la edición de El Cantar de los Nibelungos (Keim & Czeschka, 1909). Fuente: The Vienna Secession
Los nibelungos: la muerte de Sigfrido 

Me detengo únicamente en algunos detalles del vestuario de los personajes que habitan el castillo de Worms, la corte de Burgundia. Sin duda, lo más llamativo es el fascinante mundo de los estampados ornamentales, los que en la pantalla recorren indistintamente telas y alzados, trajes y muros, en un juego visual que entrelaza escenografía y vestuario. Diseños contemporáneos al director, impregnados de art decó y trazados con formas universales: geometrías, espirales, rosetas, círculos, zigzags, aspas,… Creaciones que, por supuesto, se asemejan a las de las ilustraciones de Otto Czeschka y que inevitablemente nos llevan a los diseños secesionistas de los tejidos de la Wiener Werkstätte (Austria), donde descubro que Czeschka fue maestro. Podríamos sacar alguna influencia contemporánea más, me quedo con los diseños de Léon Bakst, como los del ballet de Dafnis y Cloe que danzaban por los escenarios europeos en la década de 1910 y 1920 con el Ballet Ruso.

Izq.: Kabarett Fledermaus, 1907, varios artistas y Otto C. Colección MOMA. Dcha.: muestras de estamapdos textiles de a Wierner Werkstätte.

Diseños de Léon Bakst (designer), ballet Daphnis and Chloé, 1912
Sigfrido (izq) y el rey Gunter de Burgundia, hermano de Krimilda (dcha). Los nibelungos: la muerte de Sigfrido 
Izq.: Krimilda, Los nibelungos: la venganza de Krimilda. Dcha.: Brunilda, Los nibelungos: la muerte de Sigfrido.

Esta epopeya sucede en una época ignota y lejana que, en nuestro imaginario, solemos vestir como en el medievo, ese que se pierde en la memoria y acaba convirtiéndose, como escribe Borges, en un pasado ficticio que ocupa el lugar de otro del que nada sabemos con certidumbre. Si para el estilo de los trajes de ese medievo buscásemos una fuente de inspiración, nos remontaríamos a los siglos XII y XIII. Es evidente en el atuendo y la silueta femenina: túnicas talares, semejantes a las sayas de la época, que dejan al descubierto únicamente pies, cuello y cabeza; unas holgadas, otras definiendo la silueta del torso como las sayas encordadas; mangas estrechas; el cinto apoyado en la cadera y el cabo colgando por delante, como alguna de las vírgenes prudentes de la catedral de Magdeburgo (1210-35). También por el uso de mantos, adaptado a la forma de los hombros y sujeto con fíbula o trena.

El rey Gunter y Sigfrido. Los nibelungos: La muerte de Sigfrido
Krimilda, Los nibelungos: la muerte de Sigfrido. Fuente: Photo Gallery
Izq.: Uta de Ballenstedt y Reglindis, catedral de Naumburgo. Dcha.: Vírgenes prudentes, catedral de Magdeburgo.

En el peinado femenino, como las largas trenzas que peinaban desde el siglo XII, o los rodetes laterales que enmarcaron los rostros de finales del XIII y casi tres cuartas partes del XIV. También utiliza las tiaras que caracterizaron aquella estética femenina, como las de las famosas esculturas Uta de Ballenstedt y la joven Reglindis de la Catedral de Naumburgo (Alemania, 1240s). Combinadas con tocas nos recuerdan un código indumentario judeocristiano que condicionó durante siglos la forma de vestir femenina: la velación obligada de la mujer: ocultar el cabello y cubrirse con velo.

En el caso de la protagonista, Krimilda, se refuerza esa estética medieval, más románica que gótica, reproduciendo posturas de imágenes de tumbas y de retratos santos de la época.

Los nibelungos: la muerte de Sigfrido. Fuente: Photo Gallery

En los hombres  la reminiscencia es quizás más bizantina, con túnicas hasta media pierna marcando el talle en la cintura, los tejidos ornamentados, el uso del calículo (la tela decorada sobre los hombros como un pectoral), o la banda de tejido rectangular bordado que recuerda al lorón. Entre las protagonistas, Brunilda, reina de Islandia, vencida y desposada con el rey Gunter de Burgundia a través de un engaño, evoca en su atuendo de gala a las emperatrices bizantinas, y su espíritu indomable, ambicioso y poderoso espíritu rememora el de la emperatriz Teodora.

Brunilda, Los nibelungos: la muerte de Sigfrido. Emperatriz bizantina Santa Irene de Hungría (1088-1134) 

En estas películas la indumentaria es espejo del alma y el traje hace al personaje a los ojos del espectador. Cada estética personaliza un estereotipo moral sobre el personaje. Como trama y urdimbre, la comunicación a través de la apariencia es simple, directa, se muestra en un código binario: bien – mal, que se traduce en belleza – fealdad, blanco – negro, aseado – sucio, erguido – encorvado, luz – oscuridad, orden – caos,…  Son conceptos absolutos y antagónicos con los que se viste a los personajes, reflejando su condición moral a través del juicio estético. En el caso de los colores es más que evidente: Brunilda viste de oscuro; Hagen, con su atuendo militar, el tocado y su aspecto físico, es oscuro en sí mismo; Sigfrido siempre de blanco, la pureza del ser inmaculado. Krimilda es blanca y luminosa hasta la muerte de Sigfrido, cuando su atuendo se vuelve negro como su alma, que sólo desea vengar la muerte de su amado.


Los nibelungos: la muerte de Sigfrido. Fuente: Photo Gallery
Krimilda, Los nibelungos: la venganza de Krimilda

Se podría hablar sin parar sobre el vestuario de esta película, pero mejor verla que contarla.  

Destaco dos referencias de interesante lectura que se pueden consultar en red:

¿Por qué los Nibelungos, señor Fritz Lang? Víctor Millet (2009, en Symposia Philologica, 18, Alicante).

Correspondencia estética y moral en Die Nibelungen Marcos Jiménez González (2019, en la revista Fedro, 19).

 

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